1.-El
infundado complejo de inferioridad del hablante extremeño.
Lee el siguiente texto extraído de Fernández Flores del Manzano, Con acento extremeño (opus cit) y contesta posteriormente a las cuestiones que se plantean.
Sobre los dialectos se aplican, en ocasiones, criterios de valoración inapropiados y ajenos al propio sistema dialectal. Soportan descalificaciones no siempre justificadas por el mero hecho de estar enjuiciados desde una perspectiva academicista o desde la norma estándar. No pocas veces los rasgos dialectales son considerados como incorrectos, tanto porque no se atienen a las prescripciones del castellano académico como porque se identifican con las hablas de regiones, grupos o personas de escaso prestigio, de escasa proyección socioeconómica, política o sociocultural. Es decir, que nociones como la de 'corrección' tienen más que ver con razones extralingüísticas, de carácter social, que con las estrictamente lingüísticas. Las comunidades autónomas con lengua propia implantaron pronto el principio de cooficialidad con que salvar su condición bilingüe. Pero las que estaban en situación dialectal se comportaron de desigual manera. Mientras que en comunidades como Andalucía y Aragón se ha asumido como elemento referencial de identificación colectiva la diversidad de hablas autóctonas, en otras ni siquiera se hace mención expresa de sus particulares hablas dialectales en sus estatutos de autonomía. Tal es el caso de Extremadura, que ignoró un hecho fundamental: los dialectos son importantes elementos de cohesión cultural entre los miembros de una comunidad. En los últimos años se ha paliado de algún modo este problema, al incluir el habla dialectal en el Programa de Cultura Extremeña de la Consejería de Educación y en la recién aprobada Ley del Patrimonio, promovida por la Consejería El infundado complejo de inferioridad del hablante extremeño En general, el hablante extremeño ha padecido, más en el pasado que en la actualidad, un severo complejo de inferioridad lingüística, que no tiene justificación alguna. Cuando ese hablante cree estar hablando un mal castellano, lo que en verdad hace es utilizar un buen extremeño, una de las varias modalidades dialectales del idioma español. En las áreas fuertemente dialectalizadas de Extremadura, los usuarios han sentido vergüenza en no pocas ocasiones, cuando, saliendo fuera de su medio, se veían obligados a hablar con algún profesional forastero. Tener que emplear el habla de su tierra les estigmatizaba agudamente, ya que podía suponer el interlocutor que ellos no sabían utilizar correctamente el idioma. El miedo a la descalificación social ha sido una sombra negra que ha planeado, y aún planea, sobre la mente del hablante extremeño. De muchos informantes dialectales he sabido el complejo tremendo que sufrían al responder en el ambulatorio a las preguntas rutinarias de los especialistas. Éstos no les entienden bien su peculiar habla y les hacen repetir las respuestas. Es cierto que en la mente de muchos habitantes de ciudades se suele asociar el habla dialectal con valoraciones negativas, como fruto de la ignorancia, el atraso rural, un habla propia de campesinos 'paletos'. Por eso, el hablante extremeño ha tendido a disimular el "deje" o acento local y se ha esforzado en buscar términos y giros propios de la gente "fina". De este modo evitaba que le tildasen de palurdo o bruto en sus visitas a la capital. Lo peor es cuando una persona no conoce otro registro y se ve incapacitado para salir del único código que conoce, el dialectal. Numerosos individuos de avanzada edad han incurrido en situaciones dolorosas, humillantes por tal motivo. Algunos se resistían a viajar más allá de sus comarcas por miedo al ridículo. En ciertos núcleos cerrados, de intensa dialectalización, la "norma de prestigio" - empleada por la clase dirigente (magisterio, clerecía, medicina)- se ha impuesto sobre las formas dialectales, dominándolas. Esta norma prestigiada viene a identificarse con el castellano estándar, que ha servido de vehículo para la cultura y civilización, para el pensamiento científico, filosófico, etc. El hablante dialectal se siente incapacitado parar utilizar esta norma por falta de base cultural y reniega con frecuencia de su condición lingüística, que le humilla y le hace envidiar el habla distinguida de los profesionales de su localidad: "¡Qué bien habla don fulanito o don menganito!", les he oído decir, admirando al señor cura o al farmaceútico, que, además de universitarios, solían ser forasteros. [...] El desigual reparto geográfico del dialectalismo extremeño origina la existencia de zonas en las que conviven pueblos bastantes nivelados, en un proceso creciente de castellanización, junto a otros lugares en los que, por circunstancias ambientales, históricas y sociales, el dialecto se encuentra muy vivo, bullente. Hacia fuera, estas comunidades dialectales han proyectado una imagen negativa, base de una actitud burlesca, de mofa por parte de los pueblos de alrededor, que inventan dictados desacreditativos o parodian su cerrado modo de hablar. Se oyen cien formas extremas de señalar diferencias lingüísticas con intención de marginar a los usuarios del dialecto en nuestro territorio regional. Ya me he referido en otro trabajo al caso del Valle del Jerte, donde los de Piornal son motejados en la comarca por su peculiaridades locales de habla. Diversos informantes piornalegos me confesaban el calvario que han sufrido, cuando, por exigencias académicas, se veían obligados a salir a estudiar fuera, a Plasencia, Cáceres o Salamanca, en donde se reían descaradamente de su modo de hablar, a veces imposible de ser disimulado por su fuerte arraigo. Cuando nos comunicamos, de manera inconsciente, procedemos a ubicar a nuestro interlocutor en un estrato sociocultural por su modo de hablar. De aquí deriva que formemos juicios de valor desfavorables siempre que se escucha un acento de marcado carácter dialectal. Del rechazo con que se ven tratados los usuarios dialectales surge el deseo de abandonar pronto, repudiar o reemplazar esa modalidad lingüística que le discrimina y les provoca un tremendo complejo de inferioridad. Resulta escasa, si no nula, la autoestima que padece el hablante dialectal. Por lo común los extremeños desconocen que la modalidad que utilizan es una respetabilísima variante dialectal del español. Dentro de ese confusionismo lingüístico, muchos son los que opinan que ellos pronuncian un mal castellano, lleno de torpeza, incorrecciones y atropello de las norma. Este es un prejuicio grave, incómodo y doliente, muy extendido por desdicha. |
Cuestiones:
1.-Por qué crees que el bable en Asturias es un dialecto
de enorme proyección o el valenciano se ha constituido en la lengua de
su comunidad?
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2.-Resume brevemente las causas por las que cree Fernández Flores del Manzano que no se ha mantenido vivo el dialecto extremeño en la mayor parte de la región.
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3.-Opina sobre el siguiente enunciado: "Los madrileños hablan mejor que los pacenses"
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